Alimentos transgénicos

Los alimentos transgénicos son aquellos que fueron producidos a partir de un organismo modificado genéticamente mediante ingeniería genética. Dicho de otra forma, es aquel alimento obtenido de un organismo al cual le han incorporado genes de otro para producir las características deseadas. En la actualidad tienen mayor presencia de alimentos procedentes de plantas transgénicas como el maíz, la cebada o la soja.

La ingeniería genética o tecnología del ADN recombinante es la ciencia que manipula secuencias de ADN (que normalmente codifican genes) de forma directa, posibilitando su extracción de un taxón biológico dado y su inclusión en otro, así como la modificación o eliminación de estos genes. En esto se diferencia de la mejora clásica, que es la ciencia que introduce fragmentos de ADN (conteniendo como en el caso anterior genes) de forma indirecta, mediante cruces dirigidos. La primera estrategia, la de la ingeniería genética, se circunscribe en la disciplina denominada biotecnología vegetal. Cabe destacar que la inserción de grupos de genes y otros procesos pueden realizarse mediante técnicas de biotecnología vegetal que no son consideradas ingeniería genética, como puede ser la fusión de protoplastos.

Recomendación: Ver charla de J.M. Mullet en Amazings 2011

La mejora de las especies que serán usadas como alimento ha sido un motivo común en la historia de la Humanidad. Entre el 12.000 y 4.000 a. de C. ya se realizaba una mejora por selección artificial de plantas. Tras el descubrimiento de la reproducción sexual en vegetales, se realizó el primer cruzamiento intergenérico (es decir, entre especies de géneros distintos) en 1876. En 1909 se efectuó la primera fusión de protoplastos, y en 1927 se obtuvieron mutantes de mayor productividad mediante irradiación con rayos X de semillas. En 1983 se produjo la primera planta transgénica. En estas fechas, unos biotecnólogos logran aislar un gen e introducirlo en un genoma de la bacteria Escherichia coli ( E.Coli ). Tres años más tarde, en 1986, Monsanto, empresa multinacional dedicada a la biotecnología, crea la primera planta genéticamente modificada. Se trataba de una planta de tabaco a la que se añadió a su genoma un gen de resistencia para el antibiótico Kanamicina. Finalmente, en 1994 se aprueba la comercialización del primer alimento modificado genéticamente, los tomates Flavr Savr, creados por Calgene, una empresa biotecnóloga. A estos se les introdujo un gen antisentido con respecto al gen normal de la poligalacturonasa, enzima que induce a la maduración del tomate, de manera que este aguantaría más tiempo maduro y tendría una mayor resistencia. Pero pocos años después, en 1996, este producto tuvo que ser retirado del mercado de productos frescos al presentar consecuencias imprevistas como una piel blanda, un sabor extraño y cambios en su composición. Aun así, estos tomates se usan para la producción de tomates elaborados.

En el año 2007, los cultivos de transgénicos se extienden en 114,3 millones de hectáreas de 23 países, de los cuales 12 son países en vías de desarrollo. En el año 2006 en Estados Unidos el 89% de plantaciones de soya (o soja) lo eran de variedades transgénicas, así como el 83% del algodón y el 61% del maíz.

Problemática y controversia

El debate sobre la seguridad de los organismos genéticamente modificados (OGM) se ha estado moviendo en el ámbito de sus posibles repercusiones ambientales y, en el caso de organismos destinados a alimentación, sobre todo tocando el tema de efectos negativos para la salud de los consumidores.

Durante los primeros años de aplicación de las técnicas de ADN recombinante, se establecieron regulaciones específicas para los productos desarrollados por ingeniería genética, cuando anteriormente las normativas se aplicaban a los productos que pudiesen ser perjudiciales para los consumidores, y no a los procesos o técnicas peligrosas (Muñoz, E. 1996).

Esta tendencia está respaldada por los procesos que pudiesen activarse tras la utilización de las técnicas de manipulación genética, ya que ésta afectaría sobre todo al medioambiente en el que se produzca, más que en los productos realizados por las mismas.

Cultivos biotecnológicos 2012

Cultivos biotecnológicos 2012

Contaminación genética por polinización cruzada

La transferencia horizontal de genes es un hecho natural, incluso entre ciertos microorganismos y plantas, que ha ayudado en ocasiones a la evolución.

La introducción de un gen de una especie filogenéticamente no relacionada que soporta ciertas agresiones externas, como por ejemplo el ataque de un virus, puede transferirse perfectamente a plantas de la misma familia de la genéticamente modificada. A priori no se puede descartar que se produjera una mala hierba resistente a virus, que podría crecer incontroladamente. La cuestión clave no es si hay transferencia horizontal de genes, sino si el producto de esa polinización cruzada presenta algún peligro (Iáñez, E. 2000).

La ingeniería genética es una técnica muy precisa, ya que lo que se introduce en la planta es un ADN totalmente caracterizado, es decir, se introduce solamente una porción del material genético que puede beneficiar al vegetal. Pero los conocimientos científicos no pueden predecir con exactitud todas las consecuencias de la manipulación de un nuevo organismo al que se le han introducido genes extraños, ni su evolución e interacción con otros seres vivos una vez liberado un transgénico al medio ambiente (PALT, 2009).

Salto de barreras evolutivas y erosión genética

La gran diferencia entre la mejora tradicional de plantas y la mejora biotecnológica es que en la primera, se está limitado por las pautas evolutivas, y en el segundo caso no es así, aunque creamos una especie inverosímil naturalmente. Asimismo, en la inclusión genética se seleccionan sólo una parte del ADN a introducir, cosa que en la hibridación tradicional no ocurre, ya que para lograr la introducción de rasgos deseados se transfiere simultáneamente una enorme cantidad de material genético no caracterizado, y del que se desconoce sus posibles impactos y efectos indeseables (Iáñez, E. 1997 y 2000).

Se argumenta a menudo que la biotecnología acentuará el fenómeno de “erosión genética” de las plantas de cultivo, esto es, la germinación de nuevas especies por polinización cruzada que acaben haciendo desaparecer cultivos tradicionales y ecológicos (PALT, 2011). Esta consecuencia habría que tenerla muy en cuenta, sobre todo, en zonas declaradas reserva natural, e igualmente en las extensiones de gran biodiversidad, abundantes en el terreno español.

Según el manifiesto de la Plataforma Andalucía Libre de Transgénicos (PALT, 2009), “en el estado español el cultivo de maíz ecológico ha desaparecido prácticamente como consecuencia de los casos de contaminación genética en Cataluña, Aragón o Albacete. El retroceso y práctica desaparición del maíz ecológico pone de manifiesto la imposibilidad de la mal llamada coexistencia, que en la práctica supone una grave amenaza para la agricultura y ganadería ecológica y amenaza la soberanía alimentaria”.

Del mismo modo, también la contaminación genética estaría presente en los terrenos donde se cultiven alimentos genéticamente modificados, ya que la agricultura industrial usa fertilizantes sintéticos y agroquímicos que pasarían al agua y sobre todo a la tierra donde se encuentren por la falta de control. El aumento del uso de productos químicos afecta gravemente a la flora y a la fauna no objetivo (Greenpeace, 2010).

Transgénicos como solución al hambre del mundo

Este es el eslogan de las empresas biotecnológicas para justificar ideológicamente los transgénicos.

Es cierto que los transgénicos pueden ayudarnos como tecnología a reducir los recursos tales como agua o aumentar las producciones lo que nos permitirían ejercer menos presión medioambiental y disponer de mayores recursos para la alimentación de todos los habitantes de nuestro planeta, pero no podemos olvidar que el hambre es un problema político no es un problema técnico.

Para acabar y mitigar el hambre, debemos de cambiar de sistema acabando con el capitalismo.

Mapa del hambre 2012

Mapa del hambre 2012

Prohibiciones de alimentos biotecnológicos

La legalidad de los OGM en el territorio europeo es un terreno con algunas contradicciones internas. A finales de 2010, la Comisión Europea concedió la autonomía a los gobiernos de cada país de la Unión para elegir si admitir o no el cultivo de alimentos transgénicos (El País, 2010). Sin embargo, poco después las regiones agrícolas de la CEE rechazaron tal decisión, al defender que la Política Agraria Común (PAC) debe ser pactada por todos los países en unanimidad (El País, 2010).

La UE solo permite el cultivo a escala comercial de dos transgénicos: el maíz MON810 y la patata amflora. Algunas de las grandes potencias económicas europeas han prohibido o vetado el cultivo de OGM en sus terrenos. Por ejemplo, el maíz MON810 está vetado en seis países, Alemania, Austria, Francia, Grecia, Hungría y Luxemburgo, mientras Polonia tiene prohibido el cultivo de transgénicos. (El País, 2010).

Países como Austria ya han iniciado los trámites oficiales para prohibir el cultivo de patata transgénica, y Hungría ha iniciado acciones legales contra la Comisión Europea al considerar su aprobación como una imposición ilegal que no consideró los riesgos para la salud (Amigos de la Tierra, 2010).

En el año 2004, la European Food Safety Authority (EFSA, Autoridad Europea de Seguridad Alimenticia en español) publicó un informe advirtiendo de la escasa posibilidad de que se produjera resistencia a antibióticos. Aun así, este tipo de maíz transgénico continuó comercializándose, quebrantando el principio de precaución que se impuso en la normativa de 1990 (Rodríguez Entrena, M.; Sayadi, S; Salazar, M. 2010).

En el territorio español se cultivan las tres cuartas partes del maíz transgénico autorizado para su comercialización en toda la UE (PALT, 2011). Acoge el 42% de los experimentos con transgénicos al aire libre que se realizan en la UE, y la legislación permite un umbral del 0,9% de contaminación de los alimentos por transgénicos sin que el consumidor tenga que ser avisado en la etiqueta (Amigos de la Tierra, 2010).

Patentes biológicas

Hay varios tipos de argumentos que se suelen esgrimir en contra del sistema de patentes, sobre todo cuando se refieren a la biotecnología:

  • Tienden a crear monopolios y “se apropian de la vida”
  • Inhiben la investigación
  • Promueven altos precios en los medicamentos

Biopiratería

La biopiratería es una práctica mediante la cual investigadores o empresas utilizan ilegalmente la biodiversidad de países en desarrollo y los conocimientos colectivos de pueblos indígenas o campesinos para realizar productos y servicios que se explotan comercial y/o industrialmente sin la autorización de sus creadores o innovadores.

No es sólo el contrabando de diversas formas de vida de la flora y fauna, sino, principalmente, la apropiación y monopolización de los conocimientos de las poblaciones tradicionales en lo que se refiere al uso de los recursos naturales.

La biopiratería se considera una actividad potencialmente delictiva, ya que podría perjudicar a la biodiversidad, al sustraer especies de fauna y flora de sus hábitats característicos. En cualquier caso, los conocimientos de un grupo de individuos acumulados por años son un bien colectivo, y no simplemente una mercancía que se pueda comercializar como cualquier otro objeto de mercado.

Sin embargo, en los últimos años, a través del avance de la biotecnología, de la facilidad de registros de marcas y patentes en el ámbito internacional, así como de los acuerdos internacionales sobre propiedad intelectual, las posibilidades de tal explotación se han multiplicado.

Las patentes y la biopiratería

Técnicamente, en ningún país se puede patentar una planta o un animal, porque pertenecen a la naturaleza y el hombre sólo lo ha descubierto. Si es patentable un compuesto químico, genético o biológico concreto en vistas de su explotación económica. El problema -y el vacío legal que permite la biopiratería – aparece concretamente en dos casos:

  • Cuando un vegetal o una planta se manipula parcialmente, o se descubren en ella algunas propiedades especiales. Los países subdesarrollados son fértiles y prolíferos en cuanto a flora, vegetales y plantas, lo que ha constituido uno de los más brutales saqueos de parte de las grandes corporaciones: productos nativos como la quínoa (considerada un súper cereal por sus propiedades nutricionales), el frijol amarillo mexicano, o el poroto de soya, que han sido patentados y comercializados por las grandes de la agroindustria: Monsanto, DuPont, Aventis, Syngenta, BAFS, etc. Éstas compañias posteriormente cobran a los agricultores por medicamentos o insumos sacados de las plantas que crecen en su misma localidad, cobrando precios exhorbitantes por ellos. O también les venden semillas mejoradas (como la semilla Terminator) o “rotuladas con el nombre de la compañía”, semillas similares a las que antes compraban o intercambiaban con otros entes locales.
  • Cuando un organismo animal es modificado completamente, creando una nueva variedad transgénica, como por ejemplo el oncorratón – diseñado para desarrollar cáncer y de ese modo, probar diferentes terapias en él-. Creado por la Universidad de Harvard y patentado por DuPont. O el caso de la oveja Tracey, una oveja transgénica que produce leche con una proteína humana anticoagulante; creada por el Roslin Institute de Edimburgo (Escocia) y patentada por la Pharmaceutical Proteins Ltd. (PPL) y la gigantesca farmacéutica Bayer.

¿Son motivos suficientes para estar en contra de los transgénicos?

No, la biotecnología es únicamente tecnología que no es mala per se, sino que es perjudicial por el contexto, este contexto es el capitalismo.

Existen riesgos riesgos potenciales que se van confirmando según productos y condiciones por lo que hay que demandar mayores controles medioambientales y sanitarios antes de cultivar fuera de laboratorio, luchar contra las patentes biológicas, contra la biopiratería y contra las empresas biotecnológicas que presionen a las instituciones públicas, agricultores, ganaderos, piscifactores, etc.

Por tanto, creo que la lucha no debe enfocarse entre Sí a los transgénicos y No a los transgénicos sino que debemos luchar contra el sistema capitalista para llegar algún día a un modelo social más justo, igualitario y equilibrado, donde deberemos aprovechar tanto los conocimientos en las distintas áreas del conocimiento humano (incluyendo la biotecnología) para vivir con un mínimo de bienestar sin llegar al consumismo capitalista manteniendo un equilibrio con el medio ambiente.

Redes de Semillas

Las Redes de Intercambio de Semillas, crean alianzas entre pequeños agricultores, ecológicos y tradicionales, técnicos y toda persona implicada en la conservación de variedades locales y tradicionales de semillas.

Estas redes, han jugado en los últimos años un papel clave para reunir esfuerzos en torno a la conservación de la Biodiversidad agraria a lo largo y ancho de cada territorio de actuación.

Estas iniciativas como la licencia de semilla Open Seeds pueden servir para luchar contra las patentes biológicas.

Noticias relativas a los OMG

Fuentes y recursos:

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